Al rescate de las pequeñas cosas

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En los pocos años de recorrido que llevo por la vida me he percatado de un detallito importantísimo que ha estado boicoteando nuestro proyecto de libertad y felicidad verdadera: nos hemos olvidado de las pequeñas cosas, de los pequeños detalles. La sociedad consumista, individualista y egoísta en la que vivimos nos ha alejado del norte. La educación de los países se hace desde un plano personal e individual en el que el otro no tiene cabida en mi mundo. El progreso de los pueblos se promueve a costa del beneficio de algunos pocos y lejos de aquello que se conocía como “el bien común”. Todos quieren tener, tener y tener a cambio de nada y a costa de todo y todos.

Sin embargo, muy pocos hablan de las pequeñas cosas. De aquellas que transforman un día oscuro en uno soleado. De las que son capaces de robar sonrisas aun en los rostros que parecen más rudos. Esas que son capaces de salvar tu vida, tu relación de familiar o, incluso, de pareja. Quiero hablar de las pequeñas cosas que promueven la esperanza y nutren el amor hasta hacerlo crecer. Esas que hasta te devuelven la fe. Y, ¿cuáles son estas pequeñas cosas? Sencillamente, las cosas ordinarias. Muchos han hablado de ellas, pero pocos las han llevado a la práctica.

De inicio, ¿qué tal si consideramos tres cosas muy ordinarias? Tomar conciencia de ellas en tu vida, considero te ayudará a iniciar la conquista hacia lo mejor de ti.

  1. RESPIRA ¿Sabes que respiras? Absurda la pregunta, ¿no? Sucede que estamos acostumbrados a muchas cosas, a tal punto que olvidamos que las hacemos o que tenemos la dicha de hacerlas. Respirar es una de ellas. Podríamos decir que lo hacemos de forma tan automática que la hemos descuidado. Según Joseph Masdeu Brufal, en su artículo ‘La importancia de respirar bien’: respirar es vivir. ¡Todos queremos vivir bien! Pues para ello, es vital ser conscientes de nuestra respiración. Y es que, en el transcurso de nuestras vidas, es probable que no le hayamos prestado especial atención a este asunto, ¡ya sé!, porque es pequeño y quizás te parezca insignificante como los otros dos de los cuales hablo en este primer artículo. Sin embargo, ¡las grandes cosas en la vida, nacen de las que parecían insignificantes! Si no respiras bien, te enfermas y terminas, tarde que temprano, viviendo mal. Por eso, hazte consciente de tu respiración en cada momento del día. Antes de estallar, antes de rendirte, antes de que todo se nuble: respira. Como dice en su canción el cantautor boricua Luis Fonsi: “aguanta un segundo y respira”. Verás cómo algo tan simple reactivará todo tu organismo y te ayudará a retomar tus tareas diarias con un mejor enfoque, con pensamiento claro y con gran optimismo.

  2. SONRÍE Si vas a leer esta sección, debes aplicar su título mientras lo haces. De seguro, al leer el título has fruncido el ceño o habrás pensado: sonreír, ¿por qué?A ver, hagamos un ejercicio. Lee y sigue mis indicaciones. ¡Comencemos! Sonríe… un poco más… Vamos, esfuérzate un poco más. Mejor… inténtalo otra vez… costará un poco de trabajo en lo que tu piel se estira. Vamos, otra vez, sonríe… muéstrale al mundo esa hermosa dentadura o esa notable ausencia de ella. ¡Eso es! Relájate mientras sonríes. Quizás sientas que varias partes de tu rostro están desencajándose, pero todo estará bien. Nada se romperá o caerá de tu cara, ¡te lo prometo! También te prometo que, si lo haces con mayor frecuencia, alegrarás la vida de muchos, comenzando por la tuya. La vida comienza a desvirtuarse cuando dejamos de hacer las pequeñas cosas que provocan grandes diferencias. Nuestros abuelos decían que antes todo era mejor, ¿deberíamos suponer que entonces se sonreía más? Sé que es algo un tanto difícil de creer cuando ves las fotos de sus tiempos, pero bueno, en definitiva, ellos eran más felices. ¿Y por qué? Porque aprendieron a sonreír cuando eran pobres, cuando las cosas costaban demasiado trabajo, cuando eran abandonados o despreciados, cuando eran huérfanos, cuando tenían que compartir su comida con 10 o 15 hermanos, cuando tenían que renunciar al juego o a la escuela para asumir las tareas del hogar o la crianza de sus hermanos menores.Aprendieron a reír en los peores momentos de la vida. tú, ¿sabes sonreír en los momentos más difíciles de tu vida? Si la respuesta es no, deberías intentarlo, te dará paz, ¡es heroico! Si la respuesta es ;no es posible&;, lamento contradecirte y afirmar que sí lo es. Sonreí cuando a los 21 años de edad, mientras cursaba mi segundo año de bachillerato, quedé totalmente encamada y los médicos no sabían qué le pasaba a mi cuerpo y, mucho menos, tenían suficientes esperanzas de vida para mí. Sonreí cuando me despidieron de un empleo a los 35 años de edad, ¡mi primer despido! Sonreí el día que el carro me dejó a pie a las 6:30 a.m. en el Expreso De Diego frente a la cárcel federal y todos me insultaban por estar en el medio de la vía. Sonreí cuando, en un periodo en el que estuve desempleada por siete meses, el banco decidió congelar lo poco que me quedaba para abonarlo a mis deudas. ¿Y por qué sonreí? Porque: 1) enojarme no iba a solucionar nada, 2) es mejor para mi salud, 3) ayudo a otros a aprender la difícil tarea de reír en medio del dolor y, finalmente, 4) soy hija de Dios y Él no abandona NUNCA a sus hijos. Por eso, me atrevería a decir que sonreír es el primer paso a la confianza. ¡Inténtalo! Atrévete a vivir sonriendo. No olvides aquel proverbio japonés “el que sonríe en vez de enfurecerse, es siempre el más fuerte”.

  3. SUEÑA Soñar no cuesta nada;, nos han dicho con un tono un tanto sarcástico en más de una ocasión en la vida. Y es que soñar no es solo representarse en la fantasía imágenes o sucesos mientras se duerme, según nos dice la Real Academia Española. Es más bien, imaginar aquello que deseas lograr e ir tras ello hasta provocar que se haga realidad. ¿Cuál es el problema actual? Que tenemos más soñadores y menos luchadores. Anhelamos y anhelamos, pero si requiere esfuerzo, sacrificio y perseverancia, lo echamos a un lado. Para soñar es necesario sudar; cada gota de sudor es signo de cercanía con la realización de nuestros sueños. Pero, ¿qué pasa si sueño y me esfuerzo por realizarlos y no lo consigo? Excelente pregunta my friend. Resulta que no todo lo que soñamos nos hace bien, y parear lo que soñamos con nuestro bien personal y espiritual es un elemento fundamental. Para soñar es necesario: 1) verbalizar o escribir los sueños, 2) conquistarlos desde la oración, sí, eso dije, desde la oración, 3) luchar por ellos hasta realizarlos,
    4) enfrentar con alegría las consecuencias de la realización o no realización de nuestros sueños. Estos cuatro elementos nos llevan a otra dimensión que trasciende de lo simple a algo menos simple, de lo humano a lo divino. Y es que tal como nos lo recordaba el Papa Francisco en su homilía del 20 de marzo de 2017: “cuando soñamos grandes cosas, cosas bellas, nos acercamos al sueño de Dios, a lo que Dios sueña para nosotros”. En fin, si fuéramos a resumir, cabe preguntarnos, ¿por qué es importante soñar? Te diría que es importante por cuatro razones fundamentales:
    1. Renueva nuestra esperanza. 2. Fortalece nuestra voluntad. 3. Crea resistencia ante las adversidades. 4. Y, la más importante, nos acerca a Dios. Más adelante, retomaremos estos cuatro puntos, de modo que te animes en la conquista y realización de tus sueños. ¡Ánimo! ¡A soñar!

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