Buenos días, aunque el silencio te responda

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¿En alguna ocasión has llegado a un lugar y con gran amabilidad has pronunciado un ¡buenos días!? Es probable que más de una vez hayas tenido que seguir caminando con el mismo entusiasmo, con tu frente en alto, aunque ante ese hermoso y ordinario gesto, el silencio haya sido la única respuesta que hayas recibido.

Y es que con el paso de los años hemos avanzado en un sinfín de inventos tecnológicos, pero hemos descuidado, incluso le hemos restado importancia a la educación y al desarrollo personal. Un aspecto fundamental que nos permite crecer como personas son los valores inculcados, si con suerte tuvimos padres o familiares que velaran por ello.

¿Valores? ¿Y eso qué es? ¿Lo puedo aprender mediante un tutorial de YouTube? Ehh, lamentablemente no. A ver, aunque es difícil definir este término, podríamos decir que es el “ejercicio de reconocer la esencia del respeto, la compasión y el amor hacia el prójimo”. Sin embargo, esto es imposible de lograr si no te has ejercitado antes en el reconocimiento de tu esencia personal, si no te respetes ni te amas.

Entonces podríamos resumir un poco el asunto diciendo que los valores son el resultado natural que emana de nuestro ser hacia los demás, una vez hemos entendido, aceptado y amado lo que somos. ¿Y todo esto que tiene que ver con dar los buenos días o no darlos? ¡Sencillo! Cuando estoy consciente de mi valor personal, valoro al otro y por el respeto que me tengo, lo haré extensivo a él y se lo demostraré en las cosas ordinarias. Y una de las cosas más ordinarias es regalarle a todo aquel que salga a tu encuentro un ¡buenos días! con toda la alegría que provoca iniciar un día más de vida.

Pero, ¿y qué hago si a diario me esfuerzo por dar los buenos días y nunca me contestan? Relax, continúa haciéndolo. Recuerda que esta buena práctica la hacemos por la conciencia que tenemos de nuestro propio valor y del valor de los demás, no lo hacemos para recibir algo a cambio. Además, no olvides que cuando perseveramos en las buenas prácticas, estamos aportando a la transformación de nuestros entornos y el efecto de esto no surge de inmediato.

Por eso, buenos días, buenas tardes, buenas noches, buen provecho, son esos pequeños detalles que van desinfectando el ambiente del odio, la indiferencia, la enajenación y el individualismo. Si perseveras en esta noble y sencilla tarea, experimentarás la satisfacción de ser parte del gran grupo de valientes que a diario marcamos la diferencia.

En fin, no importa en qué momento del día estés, valora la presencia de todo aquel que te rodea y no dejes que pasen por “invisibles”, ¡salúdalos, aunque no los conozcas, ellos al igual que tú, son personas!

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