Y cuál es la actitud

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Hemos iniciado un “nuevo año”. Sin embargo, aunque parece algo muy cotidiano, si reflexionamos, veremos que es mucho más que un simple comienzo.

Hay una frase popular que dice: “por algo se empieza”. Evidentemente es así. Podríamos decir que “un año” es como el colectivo de “365 días”. Para llegar a celebrar un año más, hace falta reconocer dos realidades. La primera, que para comenzar el nuevo año solo podrás vivir un día a la vez. La segunda, que para decir que lo culminaste, debes haber vivido 365 días. Suena casi como un problema matemático, pero no lo es. Es una realidad tan ordinaria que, con frecuencia perdemos de vista. Sin embargo, tendríamos que trascender un poco más y a reflexionar al respecto…

  • Para muchos el primer día del año fue el día de su muerte, de su entierro o de su desaparición; otros daban gracias por una nueva oportunidad de vida o celebraban el reencuentro del ser perdido.
  • Para otros fue el día en el que perdieron al ser que más amaban, mientras muchos celebraban el día en que le conocieron por primera vez.
  • Para algunos, literalmente fue el primer día de su vida; a otros, ese mismo día, les privaron de ese don en nombre de una falsa libertad.
  • Al iniciar este año, innumerables parejas decidieron darse una nueva oportunidad, mientras que otras se separaron definitivamente con la trillada frase “es que se acabó el amor”.
  • Muchos abuelos fueron condenados a un hogar de ancianos, mientras que otros tuvieron la dicha de ser acogidos en los hogares de sus hijos.
  • Muchos se aferraron al odio y al rencor, mientras otros abrazaron el perdón.
  • Algunos libremente se esclavizaron, mientras otros tantos esclavos reconocieron sus ansias de libertad y la hicieron parte de sus vidas.
  • Unos iniciaron un nuevo negocio explotando a los demás de diversas formas; otros reconociendo su dignidad personal y la dignidad de sus semejantes, crearon organizaciones mediante las cuales promueven la sanación personal y el bien común.
  • Algunos negaron radicalmente la existencia de Dios, mas otros tantos, arrepintiéndose de sus faltas, le confiaron sus vidas (su pasado, su presente y su futuro).

Sea cual sea la aseveración que más se asemeje a tu historia personal, te pregunto: con qué actitud vivirás este nuevo año. Sabemos que su llegada en sí misma no cambiará nuestras vidas. Es un hecho que tendremos que enfrentar un sinnúmero de situaciones, al momento desconocidas para nosotros. No es un secreto que, unas nos llenarán de profunda alegría y otras nos colmarán de profundo dolor. La vida seguirá siendo vida, el plan de Dios seguirá vigente y sobre ninguna de las anteriores tienes control. Solo una cosa puedes controlar: la forma en que actúas ante lo que te sucede.

El psiquiatra austriaco Viktor Frankl dijo: cuando no podemos cambiar una situación tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos. Si ya sabemos que no podremos cambiar muchas situaciones en la vida, entonces aprendamos a controlar la forma en que reaccionamos ante ellas. Para ello es vital conocernos y educarnos a nosotros mismos. En nuestros próximos artículos, compartiremos algunas formas en la que podrás iniciar este camino de autoeducación. No olvides responder la pregunta con qué actitud vivirás este nuevo año. Una vez tengas la respuesta, repítela y escríbela donde puedas verla. Así iniciarás esta nueva oportunidad como dicen por ahí “con el pie derecho”. Hasta la próxima.

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Me cansé de ser bueno

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Esa fue la expresión de un joven de 21 años mientras avanzaba nuestra conversación. Y es que, a lo largo de su corta vida ha estado dispuesto y disponible para ayudar desinteresadamente a quienes le han necesitado. Sin embargo, el resultado ha sido el mismo: abandono y soledad en sus peores momentos.

Es muy probable que muchos, no solo nuestros jóvenes, se encuentren renunciando a la bondad como consecuencia de tantas decepciones que enfrentan a diario. La pregunta que haría es ¿por qué dejamos de anhelar el bien? Para responderla, echa un vistazo a un día de tu vida, ¡sólo uno! Te animo, pues, a que completes el siguiente ejercicio. Verás que es muy simple y te ayudará a ponerte en perspectiva. Pero no te engañes, ¡hazlo con sinceridad!

Instrucciones generales: Completa la tabla que aparece a continuación. Al responder, considera como Vivencias Positivas todo lo bueno que viviste hoy desde el momento en el que abriste los ojos hasta antes de irte a dormir. De igual modo, lo harás con las Vivencias Negativas. En la tercera columna anota todo lo que sucedió de forma inesperada y que añadió una chispa de alegría a tu día.

EVALUACIÓN DE MI DÍA

Vivencias Positivas (+)

Vivencias Negativas (-)

Eventos Sorpresa (+)

1. 1. 1
2. 2. 2.
3. 3. 3.

Al concluir el ejercicio verás que siempre son más las vivencias positivas que las negativas. Sucede que con frecuencia brindamos mayor atención a lo que nos duele, cuesta o desagrada. Como diría una gran mujer, Victoria Martínez, “muchos regalos vienen envueltos en forma de dificultad”, pero al final siguen siendo regalos.

Disfruta cada regalo con el que Dios te sorprende a diario, desde algo tan simple como un amanecer hasta algo tan valioso como tu familia, amistades, pareja o hijos.

¡No te canses de hacer el bien, es la tarea que más bendición y satisfacción brinda al alma! Al final de todo lo que hayas conquistado en esta vida, sólo podrás llevarte el bien que hayas realizado.

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Es más fácil ayudar

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Mientras realizaba mi bachillerato en Sistemas de Oficina, mis profesoras enfatizaban la importancia de brindar un excelente servicio al cliente en todo momento. Cuando llegué al ambiente laboral, me di cuenta que era algo que no siempre era sencillo de lograr. 

Por otro lado, en la iglesia me hablaban del servicio desinteresado a otros como muestra concreta del amor al prójimo. Cosa que, con la práctica diaria, de igual modo descubrí que costaba muchísimo. A pesar de lo que ambas cuestan, es posible comprometerse con ellas, a tal punto de que se conviertan en parte de nuestro estilo de vida.

Desde hace algunas semanas vengo escuchando de más de una persona la incesante queja ante los malos tratos o el mal servicio que reciben en diferentes agencias, oficinas, tiendas, hospitales, instituciones educativas, en fin. Es como un virus colectivo. Sin embargo, en la minoría de los casos la historia concluye con la llegada de un “ángel” que viene a arreglarlo todo.

No sé dónde trabajas o en qué ambientes tengas la posibilidad de servir a otros, lo que sí sé es que puedes convertirte en uno de estos “ángeles” que, en el fondo, son sólo seres humanos que han comprendido que es más fácil hacer el bien.

TODOS la estamos pasando muy difícil en estos días. A todos, el agua nos va subiendo al cuello de forma rápida. Parecería que mientras pasan los días, la vida se nos complica paralelamente a todos. Por eso, mi recomendación es la siguiente: si todos estamos pasándola difícil, entonces todos seamos “ángeles” de los demás. ¡No seas obstáculo! ¡No compliques más las cosas! Sirve de aliciente para los que te rodean. Comencemos a rescatar el verdadero encanto que por años ha caracterizado a los habitantes de nuestra Isla. Rescatemos el servicio desinteresado, la solidaridad sin límites y el amor incondicional del jíbaro puertorriqueño; de aquel jíbaro que deposita su confianza en Dios. De aquel jíbaro trabajador que con poco hacía maravillas porque en todo lo que hacía ponía el corazón.

Las situaciones diarias prometen complicarse cada vez más, es evidente. Pero, según creo en eso, creo también que si nos ayudamos mutuamente podremos salir a flote de esta gran ola que amenaza con hundirnos a todos.Anímate a decir: ¡hoy seré un “ángel” para todo el que se cruce en mi camino! Verás cómo sentirás la riqueza que encierra hacer el bien, servir, ayudar. Renueva este deseo cada mañana y no sólo aportarás a la vida de otros, sino que, además, crecerás a pasos agigantados en tu interior. ¡Ánimo! Hacer la diferencia es un reto, y te invito a que te lances.

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Estirados pero infelices (Parte 2)

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Photo by Bree Bigelow on Unsplash

 

En la primera parte de este artículo planteé que estamos viviendo una gran crisis del ser. Evidencia de esto es la desestabilización de algunos ante la pérdida de sus trabajos que, como consecuencia inmediata, afecta la forma de vida cómoda que llevaban.

Quizás muchos no entendieron por qué si la crisis de la que quería hablar era la económica, me centré en el tema de las apariencias. Sucede que, si no le hubiésemos comprado la falsa idea a los medios y a los “poderosos” de que todo tiene que ser perfecto, no viviríamos de apariencias y mucho menos la gran mayoría del país estuviera en crisis emocional, al punto de querer terminar con sus vidas, por el simple hecho de que ahora hay que hacer ajustes.

La crisis económica, entre otras cosas, viene de querer llevar una vida que no podemos costear. Los salarios que devengamos no nos alcanzan, en ocasiones, para cumplir con nuestras responsabilidades básicas: comida, agua, luz, medicamentos… Sin embargo, todos estamos conscientes de que, a pesar de eso, los centros comerciales no se vacían.

Hay muchos que han olvidado que para disfrutar de una buena economía hay que establecer prioridades. Por eso, prefieren hacer un préstamo en una financiera para hacer mejoras estéticas a la casa, pues, según sus estándares, la suya no puede verse menos que las demás en la urbanización. Hay casas que parecen showrooms. Cuando las visitas ¡no te dejan sentarte en la sala porque tiene que parecer uno de esos hermosos espacios que presentan en HGTV! Los dueños te dicen amablemente, pero con rostros estrésicos: “esta es la sala, pero pasa por acá, sentémonos mejor en el family”

¿Cuántos dejaron de realizar las tareas del hogar y prefirieron pagar a alguien, con tal de sentirse al nivel de sus compañeros de trabajo? ¿Cuántos abarrotaron los hoteles del país cuando aquel apagón mantuvo a la Isla sin servicio de energía eléctrica porque, simplemente, no podían dormir sin aire acondicionado? ¿Cuántos pasaron esos días en negocios y restaurantes, pues el silencio, la soledad y la oscuridad de sus hogares les abrumaba?

Pudiese mencionar otros ejemplos más que nacen de experiencias vividas y de lo que observo a diario. Sin embargo, el fin de este escrito es que reflexiones en dónde te encuentras con relación a este asunto. Es cierto que vivimos una gran crisis económica local y mundial, pero ¿te has preguntado cómo has llegado a tu crisis económica? Enfrentaremos muchas consecuencias por las malas decisiones tomadas por el gobierno, pero ¿has examinado las que son producto de tus malas decisiones?

¿Has caído en la corriente del comprar desmedidamente cosas que no necesitas? Eso es codicia. ¿Ante el bienestar o progreso de otros haces lo que sea para igualarte a ellos, aunque eso conlleve endeudarte? Eso es envidia. ¿No puedes tolerar el que tú o tu familia luzcan muy ordinarios en vez de muy a la moda? Eso es orgullo. ¿Cómo estás manejando estos tiempos difíciles? ¿Has revisado tus prioridades? ¿Realmente le temes a la gran crisis exterior o a la crisis que vives en el interior?“Hay que arroparse hasta donde nos dé la frisa”, decían nuestros viejos. Lo que tenemos o lo que carecemos no definirá nunca quiénes somos en realidad, pero sí la valentía con la que luchamos por las cosas. No le dejemos la mala lección a nuestras generaciones futuras de esta vida superficial y de apariencias en la que se ha sumergido nuestro país. La felicidad no está en lo mucho que puedas tener, en los lujos que te puedas dar… no se trata de cómo luzco en el exterior… Si como resultado del esfuerzo de tu trabajo tienes todo eso, ¡disfrútalo! Pero el día que no lo tengas, ¡disfruta igual de la vida! Podremos no tener nada, materialmente hablando, y vivir inmensamente felices, si descubrimos que la verdadera riqueza es la que se cultiva y trabaja en el interior del ser. Si hacemos eso, podrá temblar todo un país y seremos capaces de mantenernos firmes y con la frente en alto, porque nuestra confianza está puesta en Dios.

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Estirados pero infelices (Parte 1)

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Photo by Alex Iby on Unsplash

 

La crisis económica mundial no solo es económica. Me atrevería a decir que fue una de las áreas por donde explotó una crisis mayor: la crisis del ser. Muchos han hablado de esto de diversos modos. Sin embargo, quiero concentrarme ahora, no en la crisis que provocó todas las demás, sino en la crisis económica. ¿Y por qué en esa? Porque es la que ha desestabilizado a muchos en estos días. Los «poderosos», en coordinación con muchos medios de comunicación, comenzaron este gran proyecto de forma silente y astuta. Lo han hecho por años, de a poco, y lo peor, sin que nos demos cuenta. A ver, repasemos un poco nuestra realidad.

Primero nos vendieron las apariencias. Todo tiene que verse bien, bonito, limpio, pero sobre todo perfecto. Pensemos, por ejemplo, en los jóvenes… les sale un barrito en la cara y caen en crisis. ¡No se puede salir a la calle así! ¿Qué dirán mis amigos? ¡Tendré que ponerme una curita! ¡Prefiero que vean la curita al barro desagradable que tengo!

O piensen en una mujer que descubre por primera vez que tiene estrías. ¡Qué estrés! Comienza a usar todos los remedios habidos y por haber. Otro clásico ejemplo son las crisis de muchos hombres y mujeres cuando ven que su piel comienza a arrugarse o, peor aún, a colgar: ¡me tengo que hacer una cirugía urgente!

Por otro lado, encontramos a las chicas que no salen de su casa sin maquillaje. Otras salen sin apenas poder respirar de lo apretada que le queda la faja. ¡Y los hombres no están muy lejos! Porque en este tiempo no está permitido ser gordo(a), feo(a), viejo(a). Tienes que ser: perfecto(a).

¿Y quién define eso? Una vez más, los «poderosos» y los medios de comunicación. Y aquí lo importante es, no lo que ellos dicen, más bien lo que haces tú después de recibir el bombardeo de ideas torcidas que ellos nos venden. Es probable que más de una persona pueda ver este escrito y reaccione alegando: «pero, ¿qué tiene de malo querer verse bien o arreglado; eso solo significa que yo me cuido». A eso respondo con mucho respeto: cuidarse nunca será un problema, es nuestro deber, mas no quieran vender la idea de una falsa felicidad disfrazada de salud y bienestar. Si todos los ejemplos antes mencionados solo promueven salud y bienestar: ¿por qué cada vez la gente se ve más estirada, pero infeliz?

Para Dios eres perfecto como eres y Él hace algo que los demás, probablemente, no harán: amarte sin importar cómo luzcas. Para Dios eres su hijo, su creación más perfecta y amada. ¡Vive feliz como eres y deja que cada etapa de la vida vaya dejando su huella en ti! ¡Ámate tal como eres, con todo lo que tienes y careces! ¡Ámate, porque no hay otro(a) como tú! No permitas que nada ni nadie te haga creer lo contrario.

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Buenos días, aunque el silencio te responda

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¿En alguna ocasión has llegado a un lugar y con gran amabilidad has pronunciado un ¡buenos días!? Es probable que más de una vez hayas tenido que seguir caminando con el mismo entusiasmo, con tu frente en alto, aunque ante ese hermoso y ordinario gesto, el silencio haya sido la única respuesta que hayas recibido.

Y es que con el paso de los años hemos avanzado en un sinfín de inventos tecnológicos, pero hemos descuidado, incluso le hemos restado importancia a la educación y al desarrollo personal. Un aspecto fundamental que nos permite crecer como personas son los valores inculcados, si con suerte tuvimos padres o familiares que velaran por ello.

¿Valores? ¿Y eso qué es? ¿Lo puedo aprender mediante un tutorial de YouTube? Ehh, lamentablemente no. A ver, aunque es difícil definir este término, podríamos decir que es el “ejercicio de reconocer la esencia del respeto, la compasión y el amor hacia el prójimo”. Sin embargo, esto es imposible de lograr si no te has ejercitado antes en el reconocimiento de tu esencia personal, si no te respetes ni te amas.

Entonces podríamos resumir un poco el asunto diciendo que los valores son el resultado natural que emana de nuestro ser hacia los demás, una vez hemos entendido, aceptado y amado lo que somos. ¿Y todo esto que tiene que ver con dar los buenos días o no darlos? ¡Sencillo! Cuando estoy consciente de mi valor personal, valoro al otro y por el respeto que me tengo, lo haré extensivo a él y se lo demostraré en las cosas ordinarias. Y una de las cosas más ordinarias es regalarle a todo aquel que salga a tu encuentro un ¡buenos días! con toda la alegría que provoca iniciar un día más de vida.

Pero, ¿y qué hago si a diario me esfuerzo por dar los buenos días y nunca me contestan? Relax, continúa haciéndolo. Recuerda que esta buena práctica la hacemos por la conciencia que tenemos de nuestro propio valor y del valor de los demás, no lo hacemos para recibir algo a cambio. Además, no olvides que cuando perseveramos en las buenas prácticas, estamos aportando a la transformación de nuestros entornos y el efecto de esto no surge de inmediato.

Por eso, buenos días, buenas tardes, buenas noches, buen provecho, son esos pequeños detalles que van desinfectando el ambiente del odio, la indiferencia, la enajenación y el individualismo. Si perseveras en esta noble y sencilla tarea, experimentarás la satisfacción de ser parte del gran grupo de valientes que a diario marcamos la diferencia.

En fin, no importa en qué momento del día estés, valora la presencia de todo aquel que te rodea y no dejes que pasen por “invisibles”, ¡salúdalos, aunque no los conozcas, ellos al igual que tú, son personas!

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Al rescate de las pequeñas cosas

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En los pocos años de recorrido que llevo por la vida me he percatado de un detallito importantísimo que ha estado boicoteando nuestro proyecto de libertad y felicidad verdadera: nos hemos olvidado de las pequeñas cosas, de los pequeños detalles. La sociedad consumista, individualista y egoísta en la que vivimos nos ha alejado del norte. La educación de los países se hace desde un plano personal e individual en el que el otro no tiene cabida en mi mundo. El progreso de los pueblos se promueve a costa del beneficio de algunos pocos y lejos de aquello que se conocía como “el bien común”. Todos quieren tener, tener y tener a cambio de nada y a costa de todo y todos.

Sin embargo, muy pocos hablan de las pequeñas cosas. De aquellas que transforman un día oscuro en uno soleado. De las que son capaces de robar sonrisas aun en los rostros que parecen más rudos. Esas que son capaces de salvar tu vida, tu relación de familiar o, incluso, de pareja. Quiero hablar de las pequeñas cosas que promueven la esperanza y nutren el amor hasta hacerlo crecer. Esas que hasta te devuelven la fe. Y, ¿cuáles son estas pequeñas cosas? Sencillamente, las cosas ordinarias. Muchos han hablado de ellas, pero pocos las han llevado a la práctica.

De inicio, ¿qué tal si consideramos tres cosas muy ordinarias? Tomar conciencia de ellas en tu vida, considero te ayudará a iniciar la conquista hacia lo mejor de ti.

  1. RESPIRA ¿Sabes que respiras? Absurda la pregunta, ¿no? Sucede que estamos acostumbrados a muchas cosas, a tal punto que olvidamos que las hacemos o que tenemos la dicha de hacerlas. Respirar es una de ellas. Podríamos decir que lo hacemos de forma tan automática que la hemos descuidado. Según Joseph Masdeu Brufal, en su artículo ‘La importancia de respirar bien’: respirar es vivir. ¡Todos queremos vivir bien! Pues para ello, es vital ser conscientes de nuestra respiración. Y es que, en el transcurso de nuestras vidas, es probable que no le hayamos prestado especial atención a este asunto, ¡ya sé!, porque es pequeño y quizás te parezca insignificante como los otros dos de los cuales hablo en este primer artículo. Sin embargo, ¡las grandes cosas en la vida, nacen de las que parecían insignificantes! Si no respiras bien, te enfermas y terminas, tarde que temprano, viviendo mal. Por eso, hazte consciente de tu respiración en cada momento del día. Antes de estallar, antes de rendirte, antes de que todo se nuble: respira. Como dice en su canción el cantautor boricua Luis Fonsi: “aguanta un segundo y respira”. Verás cómo algo tan simple reactivará todo tu organismo y te ayudará a retomar tus tareas diarias con un mejor enfoque, con pensamiento claro y con gran optimismo.

  2. SONRÍE Si vas a leer esta sección, debes aplicar su título mientras lo haces. De seguro, al leer el título has fruncido el ceño o habrás pensado: sonreír, ¿por qué?A ver, hagamos un ejercicio. Lee y sigue mis indicaciones. ¡Comencemos! Sonríe… un poco más… Vamos, esfuérzate un poco más. Mejor… inténtalo otra vez… costará un poco de trabajo en lo que tu piel se estira. Vamos, otra vez, sonríe… muéstrale al mundo esa hermosa dentadura o esa notable ausencia de ella. ¡Eso es! Relájate mientras sonríes. Quizás sientas que varias partes de tu rostro están desencajándose, pero todo estará bien. Nada se romperá o caerá de tu cara, ¡te lo prometo! También te prometo que, si lo haces con mayor frecuencia, alegrarás la vida de muchos, comenzando por la tuya. La vida comienza a desvirtuarse cuando dejamos de hacer las pequeñas cosas que provocan grandes diferencias. Nuestros abuelos decían que antes todo era mejor, ¿deberíamos suponer que entonces se sonreía más? Sé que es algo un tanto difícil de creer cuando ves las fotos de sus tiempos, pero bueno, en definitiva, ellos eran más felices. ¿Y por qué? Porque aprendieron a sonreír cuando eran pobres, cuando las cosas costaban demasiado trabajo, cuando eran abandonados o despreciados, cuando eran huérfanos, cuando tenían que compartir su comida con 10 o 15 hermanos, cuando tenían que renunciar al juego o a la escuela para asumir las tareas del hogar o la crianza de sus hermanos menores.Aprendieron a reír en los peores momentos de la vida. tú, ¿sabes sonreír en los momentos más difíciles de tu vida? Si la respuesta es no, deberías intentarlo, te dará paz, ¡es heroico! Si la respuesta es ;no es posible&;, lamento contradecirte y afirmar que sí lo es. Sonreí cuando a los 21 años de edad, mientras cursaba mi segundo año de bachillerato, quedé totalmente encamada y los médicos no sabían qué le pasaba a mi cuerpo y, mucho menos, tenían suficientes esperanzas de vida para mí. Sonreí cuando me despidieron de un empleo a los 35 años de edad, ¡mi primer despido! Sonreí el día que el carro me dejó a pie a las 6:30 a.m. en el Expreso De Diego frente a la cárcel federal y todos me insultaban por estar en el medio de la vía. Sonreí cuando, en un periodo en el que estuve desempleada por siete meses, el banco decidió congelar lo poco que me quedaba para abonarlo a mis deudas. ¿Y por qué sonreí? Porque: 1) enojarme no iba a solucionar nada, 2) es mejor para mi salud, 3) ayudo a otros a aprender la difícil tarea de reír en medio del dolor y, finalmente, 4) soy hija de Dios y Él no abandona NUNCA a sus hijos. Por eso, me atrevería a decir que sonreír es el primer paso a la confianza. ¡Inténtalo! Atrévete a vivir sonriendo. No olvides aquel proverbio japonés “el que sonríe en vez de enfurecerse, es siempre el más fuerte”.

  3. SUEÑA Soñar no cuesta nada;, nos han dicho con un tono un tanto sarcástico en más de una ocasión en la vida. Y es que soñar no es solo representarse en la fantasía imágenes o sucesos mientras se duerme, según nos dice la Real Academia Española. Es más bien, imaginar aquello que deseas lograr e ir tras ello hasta provocar que se haga realidad. ¿Cuál es el problema actual? Que tenemos más soñadores y menos luchadores. Anhelamos y anhelamos, pero si requiere esfuerzo, sacrificio y perseverancia, lo echamos a un lado. Para soñar es necesario sudar; cada gota de sudor es signo de cercanía con la realización de nuestros sueños. Pero, ¿qué pasa si sueño y me esfuerzo por realizarlos y no lo consigo? Excelente pregunta my friend. Resulta que no todo lo que soñamos nos hace bien, y parear lo que soñamos con nuestro bien personal y espiritual es un elemento fundamental. Para soñar es necesario: 1) verbalizar o escribir los sueños, 2) conquistarlos desde la oración, sí, eso dije, desde la oración, 3) luchar por ellos hasta realizarlos,
    4) enfrentar con alegría las consecuencias de la realización o no realización de nuestros sueños. Estos cuatro elementos nos llevan a otra dimensión que trasciende de lo simple a algo menos simple, de lo humano a lo divino. Y es que tal como nos lo recordaba el Papa Francisco en su homilía del 20 de marzo de 2017: “cuando soñamos grandes cosas, cosas bellas, nos acercamos al sueño de Dios, a lo que Dios sueña para nosotros”. En fin, si fuéramos a resumir, cabe preguntarnos, ¿por qué es importante soñar? Te diría que es importante por cuatro razones fundamentales:
    1. Renueva nuestra esperanza. 2. Fortalece nuestra voluntad. 3. Crea resistencia ante las adversidades. 4. Y, la más importante, nos acerca a Dios. Más adelante, retomaremos estos cuatro puntos, de modo que te animes en la conquista y realización de tus sueños. ¡Ánimo! ¡A soñar!

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