Testimonios

En pie, por la fe y la esperanza


Luego de convivir cinco años con mi pareja, decidí terminar la relación debido al abuso del alcohol. Antes de tomar la decisión final, busqué ayuda espiritual, profesional y psicológica. Tan pronto me sentí preparada, di el paso, por el bien de todas las partes. Durante ese proceso, mi fe y esperanza en Dios fueron determinantes para superar la situación y seguir adelante sin descuidar mi responsabilidad como madre. Además, el apoyo y la compañía de mis padres, hermanos y de mi hijo fueron vitales para renovar mis fuerzas y continuar.

Tras esta experiencia diría, en primer lugar: no a la convivencia. Segundo, actuar a tiempo cuando ves las “banderas rojas” mientras se están conociendo y retirarse en ese instante. Tercero, aprender la importancia del amor propio y la fuerza de una buena autoestima. Cuarto, poner a Dios primero en la relación y desde el comienzo. Debo recalcar que, bajo ninguna circunstancia, los hijos deben cargar con las consecuencias de las decisiones tomadas por los padres; al contrario, se deben enfocar en el bienestar de todos.

Algunas estrategias concretas que pueden ayudar en estos procesos son: involucrarse en actividades de la Iglesia, escoger sabiamente amistades que aporten de forma positiva en sus vidas; sobre todo, que tengan tu mismo temor de Dios. Partiendo de mi experiencia, quisiera decirles con toda seguridad que Dios, es un Papá de misericordia, Él borra todo dolor, todo pecado. Solo a través de la fe y esperanza, Él vuelve a dar nuevas oportunidades. Por eso, asegúrense bien, como madres y como mujeres, de cumplir tanto el propósito de Dios en sus vidas como en la de sus hijos. Ése debe ser nuestro norte, nuestro fin: hacer su voluntad y superar las emociones que opacan la voluntad de Él en nosotras.

Grisselle E. Ortiz Rivera